Año 230 D.D.G
Tras un periodo de paz el nombre de un sujeto comenzó a surgir entre los piratas hasta hacerse de un renombre mundial… Norman D. Gold, un pirata que en un par de años alcanzó el poder suficiente para consagrarse como un emperador pirata y eventualmente para ser nombrado como rey de los piratas al haber reunido un tesoro inconcebible al cual se le otorgó el nombre de “One Piece”. Durante años el Gobierno hizo uso de todos sus recursos para acabar con este hombre per todo fue inútil y decidieron simplemente dedicarse a contener sus ataques. Gold sin embargo, no parece interesado en destruir al Gobierno o en atacar a sus instituciones, sino más bien en continuar explorando el mundo no conocido estableciendo con su poder una estabilidad no vista antaño en el mundo de la mano de todas las demás facciones. ¿Serás parte del mundo y su avance?. Seguir leyendo...
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De vuelta a casa. La tierra de la Libertad.

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De vuelta a casa. La tierra de la Libertad.

Mensaje por Invitado el Jue Ene 12, 2017 6:56 pm

Recuerdo del primer mensaje :

El viento había sido amable con Antony, mejor dicho, había sido muy dadivoso: Soplando con intensidad, aquel pequeño barco de Vela que había adquirido algunos años atrás, avanzaba por las celestes aguas con una velocidad que en un par de ocasiones casi hace que su sombrero saliera volando. A decir verdad, no era un hombre especialmente versado en la navegación, pero las aguas del South Blue, al igual que las aguas de los demás mares Cardinales, eran lo suficientemente calmadas como para que el esbelto hombre lograra viajar de una isla a otra con relativa facilidad. Aquel viaje, según había planeado, lo llevaría del Reino de Briss hasta la isla de Baterrilla, un viaje bastante corto, un par de días de viaje con la escasa habilidad del moreno para surcar el océano. Sería un cambio agradable, salir de aquella isla donde la vida era dictada por un hombre pomposo y arrogante que se había auto pronunciado gobernante de aquel territorio; ahora, mientras danzaba al ritmo de las aguas, acercándose mas a su ‘hogar’ – Era lo mas cercano a una casa que conocía -, una alegría le inundaba el corazón.

Su llegada era ensombrecida por la de aquellos buques y galoenes que se atrancaban en el puerto, y él, con aquel diminuto barco, que bien podía servir como mondadientes para un Rey Marino. Pero aquello era normal en aquel lugar. Siempre había gente que llegaba y otros tantos que se retiraban, algunos respirando, otros menos afortunados, no. Feliz de poder tocar tierra firme, lejos del bamboleo del oleaje. Sus largas piernas se estiraron y con aquellos pasos cual garza, recorrieron las calles con la velocidad que siempre caracterizaba al muchacho. Hubo algunos rostros familiares, principalmente dueños de locales en la isla, así como también algunos cazadores que habían vuelto de la isla en una especie base, un centro donde simplemente esperaban ver algún rostro conocido. De haber sabido que cierto reporte se había realizado tras su intervención en el Reino de Briss, el moreno se movería con mucha mas cautela que con la que lo hacia ahora mismo. Giro en una calle e ingreso en aquel local donde lo esperaba un camastro y un plato de comida, como lo hacia desde hacia varios años. El letrero de madera que enmarcaba la entrada se encontraba igual de desgastado que cuando se había ido de viaje, y en letras negras decía “Two Headed Goat”.

– Ea Richy. – Grito al entrar; el hombre detrás de la barra alzo la mirada. Aquel local era un bar con restaurante, aunque claro, la comida no era en exceso nutritiva o siquiera rica, pero algo era algo. - ¿Alcanzo un poco de sopa de setas? – Una media sonrisa hable. Richard Eusten era el dueño de “Two Headed Goat”, lo había fundado con la intención de volverlo en bar mas famoso de la isla, pero se había tornado en un lugar donde los cazadores se reunian a compartir información y poco a poco fue decayendo. Era un hombre gordo con una prominente barba roja que le llegaba hasta el hinchado vientre.

– Solo si lo puedes pagar, capullo – Una sonrisa de vuelta. Una pinta de cerveza se hizo presente, para recibir al joven elegante. - ¿Qué tal el viaje? La apuesta era que te ibas a quedar sin un ojo, pero te veo muy entero.

– Todo bien Richy. Nada que no me esperaba. – Desapareciendo el dorado liquido de un solo trago, el moreno tomo asiento en la barra en uno de los desgastados bancos. En lugar estaba poco habitado, solo un par de grupos, uno de ellos siendo de borrachos y el otro de unos piratillas de poca monta que deseaban un poco de acción.
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Re: De vuelta a casa. La tierra de la Libertad.

Mensaje por Invitado el Vie Ene 27, 2017 12:14 am

Aquel hombre tenía una lengua muy afilada, no como la tiene una serpiente, sino mas bien en el sentido de que la utilizaba como si se tratara de un sable, con una técnica y una precisión que incluso para Antony le hacia dudar; con aquella agilidad mental y su estudiado tono, el hombre hablaba de manera inteligente, utilizando lo dicho por el moreno en su contra, no para abusar de él, sino mas bien, para hacerlo cambiar, ahí donde la opinión de aquel par de desconocidos discrepaban. El hombre de las patillas rizadas escuchaba con calma, su ira se había ido calmando, como lo hace el de una bestia ante notas bien realizadas de una tonada. Acomodo su sombrero, escondiendo una media sonrisa tras la sombra que le otorgaba: Que sujeto tan peculiar. Al volver a levantar la mirada, su rostro se encontraba sereno, como si no hubiera pasado nada.

La apariencia de aquel hombre, por lo menos la mitad que lograron ver Antony y Richard, fue un gesto extraño. Ante los ojos del artillero, aquel hombre no era el tipo de persona que aceptara los términos de las personas así como así, no lo conocía de nada pero por lo que había visto, creía que se trataba bastante cerrado, bastante que le interesa mas dar que recibir, pero aquel simple gesto…Al parecer lo había juzgado mal, no es que tuviera mucho con que juzgarlo, pero por lo menos no era el idiota que había creído en un inicio.

– Me pareces interesante. Por aquí no hay demasiados tipos como tu, tipos con mas cerebro que músculos. Puede que sea “Cuidad Libertad” pero la libertad solo te la ganas. No estoy de acuerdo con tus amistades, pero no soy quien para juzgar. En fin. Se nota que haz sido bueno con Richy, eso no te quita ser un enmascarado algo loco. – Dio un par de pasos hacia enfrente, quedando a un metro de donde el extraño sujeto. -  Veo que la violencia no es lo tuyo, eres mas bien, un pacificador, un sujeto que va por ahí aprovechando los recursos que le da el mundo, ya sean personas, favores o cualquier otra cosa. ¿Me equivoco? Respeto eso, se necesita un buen ojo para darse cuenta de las oportunidades en este mundo. No puedo negar que eso de no querer mostrar tu rostro es bastante extraño, además de la extraña mascara, pero nada de eso es mi asunto, supongo, cada quien tiene sus manias. – Se retiro el sombrero, a manera de que viera su rostro sin ninguna clase de obstáculos. Lo estudio con detenimiento, elegante y misterioso, así era como mejor lo podía describir; por lo menos compartían la elegancia. Algo psicópata, tal vez un asesino en serie en potencia, pero después de todo, era alguien en quien Richy confiaba y eso era buena señal, por lo menos a los ojos del moreno. Dibujo una media sonrisa – Antony DeFranco. Así me llamo. – Extendió la mano. Respetaba el hecho de que el hombre se mantuviera firme, que no fuera de esos tipos que ante el primer obstáculo se retractara: En verdad estaba interesando en él, muy fácilmente pudo haber retirado su propuesta de amistad, entregarlo a Gustav o alguien más; la amistad era, de todas las posibilidades, la mas extraña a tomar. El camino sin violencia, muchas veces, es mas difícil que el camino de la guerra y, si bien, aquel hombre no era precisamente un ciudadano ejemplar, era alguien destacable. – Desencajas demasiado en este mundo de peleas. Siendo tan inteligente como creo que eres, supongo que sabrás que las palabras tienen un alcance limitado – Comento con una media sonrisa mientras esperaba que respondiera el saludo.
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Re: De vuelta a casa. La tierra de la Libertad.

Mensaje por Invitado el Dom Ene 29, 2017 2:47 pm

¡Bingo! Una campana imaginaria e inexistente escandalizaba con su ritmo acelerado la mente del enmascarado quien, valiéndose de su habilidad para leer a la gente, sabía en la simple mirada del joven que había dado en el clavo con sus palabras y actuación, la cercanía entre ambos estaba a punto de realizarse y solo faltaba que el joven artillero respondiera a su provocación y palabras dulces. Gorthaur no dudaba ni por un segundo de sus propias capacidades oratorias, pero hacía ya tanto tiempo que tenía que convencer a alguien como era debido que casi se acostumbraba a que su apariencia intimidante fuera suficiente para ganarse la lealtad de buenos o malos hombres en problemas, problemas que él solucionaba como un buen gesto de amistad. La mirada de Richy en cambio se endureció en cuanto notó el gesto del enmascarado y se podría decir que no apartó la vista o cerró los ojos por el simple hecho de no despreciar la amabilidad del corazón parlante, pero lo cierto es que a él, en particular, le preocupaba ser alguien que realmente hubiera visto el rostro de tan conocido sujeto, aún cuando solo fuera una parte esto podría traerle problemas.

El discurso del gallardo joven había comenzado y fue escuchado con atención y paciencia por el sujeto de la máscara, quien memorizaba palabra a palabra y trataba de desentrañar cualquier mensaje oculto que parecía no existir, era una vieja costumbre después de todo y no podía abandonarla tan fácil, pero cuando hubo una pausa y una pregunta, tuvo que abrir su ahora cubierta boca y emitir palabra desde su preciada máscara. —No te equivocas. -Admitió mientras el joven seguía con su discurso, pero cuando llegó a la parte de la máscara y lo extraña que se le hacía, Gorthaur no pudo ocultar una risa bastante pegajosa y honesta, al fin y al cabo, la máscara era un punto clave. —Mi rostro no es poco agraciado, si me hago entender. Cualquiera podría confiar en un rostro bondadoso y atractivo, pero, cuando me presento como algo extraño, impactante y peligroso, causo una desconfianza que me gusta superar con acciones. La amistad que ofrezco se basa en mis acciones, así como pido lo mismo. No juzgo las apariencias y por eso evito que me juzguen por la mía. -Habló con sencillez pero con una palpable y aparente honestidad, actuada en parte, ya que habían otras razones para usar esa máscara pero le pertenecían solo a él, y quería mantenerlo así al menos por un tiempo. Le miró con cuidado y memorizó su rostro mientras se quitaba el sombrero, y la sonrisa del joven fue correspondida por una sonrisa invisible del enmascarado, comenzaban a entenderse.

Me agrada ser tu amigo, Antony. -Dijo en cuanto le fue revelado el nombre del joven, que, aunque ya conocía gracias a Mr. Austen no representaba más que el ser presentado directamente. No hizo esperar al joven antes de estrechar su mano, con fuerza y notando que sus muchas cicatrices y costuras contrastaban terriblemente con la mano ajena, tan pulcra y refinada, por lo que contempló el apretón durante un instante, como maravillado. Las palabras del joven le sacaron de su trance, y mirándole a los ojos desde aquellas oscuras fosas que eran los agujeros de su máscara, pareció que un brillo iluminaba sus gemelos. —Te sorprenderá lo que puedo hacer con solo palabras, pero también tengo un truco bajo la manga. Ven, dame uno de tus cabellos. -Le soltó la mano y extendió la palma, esperando que el chico le diera un cabello para mostrarle su habilidad. Al decir esto, el viejo Richy se puso nervioso de nuevo.
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Re: De vuelta a casa. La tierra de la Libertad.

Mensaje por Invitado el Miér Feb 01, 2017 12:01 am

El apretón de manos es algo importante: Con un abrazo, el rostro se oculta, dejando en las sombras las intenciones de ambas personas; un apretón de manos, es mucho mas personal, no hay lugar para ocultarse, para esconder algo, todo es visible para ambos, todo es perceptible; todo significa algo al darle la mano a alguien, desde la fuerza con la que se aprieta hasta la expresión del rostro. Antony supo mucho de Gorthaur con aquel primer gesto de ‘amistad’: Empezando por sus dañadas manos, llenas de cicatrices; así que no era un hombre tan pasivo como había creido el moreno en primera instancia, o tendría algun pasado oscuro, lo cual no sería de sorprender considerando de quien se trataba y de su extraña forma de ser. Separandose de aquel aprenton, el artillero ante la extraña petición del enmascarado. Casi pudo ver la alegría en los ojos, atreves de las pequeñas rendijas del corazón. El muchacho se cruzo de brazos mientras sopesaba aquella idea. Un o dos segundos se silencio, despues una sonrisa en los labios.

– Vaya que pides cosas extrañas Gort – A decir verdad le costaba mucho trabajo pronunciar el nombre de manera plena, no se deslizaba fácilmente por la lengua, así que, por mera practicidad, había decidido recortarlo a la mitad – Primero mi amistad, después un cabello. ¿Qué piensas hacer con eso? – Una sonora risa inundo el ambiente, no era algo falso, sino una sincera y poderosa risa. Pasaron un par de segundos antes de que Antony dejara de reir y volviera a enfocarse en el enmascarado – Si que eres un tipo extraño – Arrancandose un cabello de su rizada patilla, se la extendió hacia Gorthaur, aunque antes de dársela totalmente, la retrajo, como cuando se engaña a un niño – Mas vale que esto sea bueno. Nadie me ha pedido un cabello y espero bastantes sorpresas de alguien con tu aspecto – Se lo entrego, esta vez sin engaños.

Aquella era la verdadera razón por la que había continuado su platica con el enmascarado: Le era divertido, entretenido y, sobre todo, impredecible. Al vivir tantos años en Baterilla, uno se va haciendo a la idea de la mentalidad de la gente; están los pacifistas, llenos de miedos y sueños vacios, también están los guerreros sedientos de gloria y sangre, y luego los tontos con suerte. Gothaur no entraba en ninguna de esas categorías, por lo menos no en primera instancias, sino que se trataba de una boca con mucho cerebro y muchos misterios en su espalda. ¿Y Antony? Bueno, él también era algo extraño: Era un soñador, un hombre que deseaba la libertad sobre todas las cosas, alguien a quien el mar le era mas atractivo que una dama y cuya única avaricia era por las joyas, no el dinero, sino las piedras preciosas, maravillas de la naturaleza moldeadas por las manos del hombre, la perfecta combinación entre voluntad, de parte de los humanos, y casualidad, de parte de los estratos geológicos.

Con una sonrisa y el sombrero en la mano diestra, los ojos del moreno esperaba aquella maravilla prometida.
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Re: De vuelta a casa. La tierra de la Libertad.

Mensaje por Invitado el Vie Feb 10, 2017 2:24 pm

La risa era una medicina fundamental en los llamados saberes del pueblo y es que, en realidad, aunque su condición terapéutica estaba recientemente añadida a la lista de discusiones entre los más fructíferos y conocidos médicos, era ya un saber de ancianos, pescadores o herreros, y de muchas madres con experiencia, tanto como de todos los comunes del mundo, que la risa curaba los males del alma. Tales medicamentos, tiempo, amor y risa eran usuales en el habitual hablar de las personas e incluso afectaban ciertamente su manera de comportarse y para Gorthaur, que se había gastado su vida hasta ahora en la lectura e investigación de todo lo que pudiera aprender, resultaba en una verdad tan única como interesante, pues cuando escuchó reír a su nuevo amigo, ciertamente sintió que las costuras de sus manos dejaban de doler por completo y que la soledad que asolaba su alma huérfana en algunos días de lluvia, se esfumaba con el amanecer de un nuevo y soleado día. Sin embargo se tomó muy a juego lo que decía su temperamental colega y en realidad no estaba demasiado preparado para sorprender a alguien como él, pues aunque su habilidad siempre fuera bien apreciada (la gente se aterraba o sorprendía siempre, o ambas) no sabía cuanto mundo conociera el joven de sombrero oscuro y tampoco se proponía la idea de un fracaso en algo que no intentaría.

Como fuera, esperó pacientemente a que le fuera entregado el cabello, aún soportando aquella finta en la que cayó a medias, pues intentó atrapar el cabello pero con una lentitud y calma que podría haber arruinado el chiste de haber sido más lento. Su palma recibió el suave contacto de aquella rizada fibra capilar y en cuando se pegó a su piel, cerró los suturados dedos para atrapar el cabello entre su puño y apretarlo con fuerza durante tan solamente un instante. —Ahora observa con cuidado. -Musitó mientras abría la mano lentamente para mostrar el mismo cabello pero con una diminuta linea amarilla que le recorría la mitad exacta y que parecía comenzar a brotar desde la palma del enmascarado hasta formar una especie de tallo, pero no duró mucho para que comenzara a salir otro igual, y al doblarse a la mitad y empujar la propia palma de donde surgía, una cantidad considerable de vellos diminutos del mismo color salían como antesala de una cabeza. Un muñeco de paja, de aproximadamente 20 centímetros y boca suturada se alzó en la palma del muchacho y se ató el cabello alrededor del cuello como si fuera una soga o un collar, y al instante se quedó quieto, como paralizado. Sus cuencas oscuras, tenebrosas como la de su creador se iluminaron un instante en un brillo verdosos que pronto se apagó, pero su cuerpo se oscureció en partes, cubriendo su torso y extremidades, además de la copa de su cabeza, donde estaba su melena que se retorció hasta formar un pequeño sombrero y unas patillas curvas, al final de la metamorfosis, era una pequeña réplica de Antony, siendo lo que parecía, un muñeco vudú del pistolero.

La figura levantó el brazo y abrió la boca estirando las costuras, y con un extraño sonido (Chapapa-papapa-pa~) pareció que saludaba al muchacho de sombrero, e incluso hacía la mímica de estar disparando un arma formada por sus dedos índice y pulgar, si es que se le podía llamar dedos a la punta de sus extremidades de paja. —Esta es mi habilidad. Soy usuario de la Vudu-Vudu no Mi, y con esta figura podré saber donde estás en todo momento, además sabré cuan fuerte eres y podré ver y oír lo que escuches. -Gorthaur hablaba muy pausadamente para que no se perdiera ningún dato importante de la información que estaba transmitiendo, al fin y al cabo, Antony era ahora su amigo y le debía sinceridad. —Cuando estés en problemas, podré saberlo si dirijo mis ojos a ti. Y cuando yo esté en problemas, podré rastrearte y acudir a ti en nombre de nuestra amistad... Sin embargo... -Y detuvo su charla para escudriñar en sus bolsillos y sacar una de esas curiosas cartas blancas, donde solo había impreso un corazón bastante tétrico y que usaba para presentarse sin demasiada charla. Apenas halló alguna, sacó del bolsillo de su camisa un bolígrafo y anotó el código de su Den-Den Mushi, el cual entregó al joven. —Es una linea protegida, pero solo debes llamarme si estás completamente solo en la habitación. Una llamada e iré en tu ayuda o te diré lo que necesites saber y esté a mi alcance. -Finalmente entregó la carta y la figura de Antony se metió entre las ropas del enmascarado, desapareciendo dentro de su cuerpo. Gorthaur esperaba que el chico entendiera todo a la primera, al fin y al cabo, ya había tenido que explicar todo más de una vez en algunas ocasiones.
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