Año 230 D.D.G
Tras un periodo de paz el nombre de un sujeto comenzó a surgir entre los piratas hasta hacerse de un renombre mundial… Norman D. Gold, un pirata que en un par de años alcanzó el poder suficiente para consagrarse como un emperador pirata y eventualmente para ser nombrado como rey de los piratas al haber reunido un tesoro inconcebible al cual se le otorgó el nombre de “One Piece”. Durante años el Gobierno hizo uso de todos sus recursos para acabar con este hombre per todo fue inútil y decidieron simplemente dedicarse a contener sus ataques. Gold sin embargo, no parece interesado en destruir al Gobierno o en atacar a sus instituciones, sino más bien en continuar explorando el mundo no conocido estableciendo con su poder una estabilidad no vista antaño en el mundo de la mano de todas las demás facciones. ¿Serás parte del mundo y su avance?. Seguir leyendo...
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De vuelta a casa. La tierra de la Libertad.

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De vuelta a casa. La tierra de la Libertad.

Mensaje por Invitado el Jue Ene 12, 2017 6:56 pm

El viento había sido amable con Antony, mejor dicho, había sido muy dadivoso: Soplando con intensidad, aquel pequeño barco de Vela que había adquirido algunos años atrás, avanzaba por las celestes aguas con una velocidad que en un par de ocasiones casi hace que su sombrero saliera volando. A decir verdad, no era un hombre especialmente versado en la navegación, pero las aguas del South Blue, al igual que las aguas de los demás mares Cardinales, eran lo suficientemente calmadas como para que el esbelto hombre lograra viajar de una isla a otra con relativa facilidad. Aquel viaje, según había planeado, lo llevaría del Reino de Briss hasta la isla de Baterrilla, un viaje bastante corto, un par de días de viaje con la escasa habilidad del moreno para surcar el océano. Sería un cambio agradable, salir de aquella isla donde la vida era dictada por un hombre pomposo y arrogante que se había auto pronunciado gobernante de aquel territorio; ahora, mientras danzaba al ritmo de las aguas, acercándose mas a su ‘hogar’ – Era lo mas cercano a una casa que conocía -, una alegría le inundaba el corazón.

Su llegada era ensombrecida por la de aquellos buques y galoenes que se atrancaban en el puerto, y él, con aquel diminuto barco, que bien podía servir como mondadientes para un Rey Marino. Pero aquello era normal en aquel lugar. Siempre había gente que llegaba y otros tantos que se retiraban, algunos respirando, otros menos afortunados, no. Feliz de poder tocar tierra firme, lejos del bamboleo del oleaje. Sus largas piernas se estiraron y con aquellos pasos cual garza, recorrieron las calles con la velocidad que siempre caracterizaba al muchacho. Hubo algunos rostros familiares, principalmente dueños de locales en la isla, así como también algunos cazadores que habían vuelto de la isla en una especie base, un centro donde simplemente esperaban ver algún rostro conocido. De haber sabido que cierto reporte se había realizado tras su intervención en el Reino de Briss, el moreno se movería con mucha mas cautela que con la que lo hacia ahora mismo. Giro en una calle e ingreso en aquel local donde lo esperaba un camastro y un plato de comida, como lo hacia desde hacia varios años. El letrero de madera que enmarcaba la entrada se encontraba igual de desgastado que cuando se había ido de viaje, y en letras negras decía “Two Headed Goat”.

– Ea Richy. – Grito al entrar; el hombre detrás de la barra alzo la mirada. Aquel local era un bar con restaurante, aunque claro, la comida no era en exceso nutritiva o siquiera rica, pero algo era algo. - ¿Alcanzo un poco de sopa de setas? – Una media sonrisa hable. Richard Eusten era el dueño de “Two Headed Goat”, lo había fundado con la intención de volverlo en bar mas famoso de la isla, pero se había tornado en un lugar donde los cazadores se reunian a compartir información y poco a poco fue decayendo. Era un hombre gordo con una prominente barba roja que le llegaba hasta el hinchado vientre.

– Solo si lo puedes pagar, capullo – Una sonrisa de vuelta. Una pinta de cerveza se hizo presente, para recibir al joven elegante. - ¿Qué tal el viaje? La apuesta era que te ibas a quedar sin un ojo, pero te veo muy entero.

– Todo bien Richy. Nada que no me esperaba. – Desapareciendo el dorado liquido de un solo trago, el moreno tomo asiento en la barra en uno de los desgastados bancos. En lugar estaba poco habitado, solo un par de grupos, uno de ellos siendo de borrachos y el otro de unos piratillas de poca monta que deseaban un poco de acción.
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Re: De vuelta a casa. La tierra de la Libertad.

Mensaje por Invitado el Sáb Ene 14, 2017 12:19 am

Nostalgia. Ese sentimiento invadía de repente al enmascarado de oscura silueta mientras se dejaba llevar por el vaivén de su embarcación, o lo que quedaba de ella, mientras era arrastrada por la corriente de una agitada madrugada. Y es que si bien aquél pesquero no le pertenecía y los dueños ni siquiera sabían que el tétrico emisario del destino se hallaba a bordo, el hecho de estar a la deriva, le llenaba de unos recuerdos tan difusos y distantes que ni siquiera podía considerar auténticos, pero que le cargaban de una verdadera pena tan desconocida como molesta. -Solo falta el grito... -Murmuró en un susurro mientras esperaba en vano que el grito de una mujer transformara el borroso recuerdo en un tormentoso dejavu, y mientras el tiempo se escurría y el trozo de madera flotaba entre la neblina del alba, le pareció que otros sonidos se hacían presentes en medio del silencioso viaje.

Se permitió durante un instante ignorar aquellos ruidos y recordar sus últimas vivencias en Briss, donde había conocido a un antropófago miembro del Cipher Pol que se ocultaba, a costa de dinero e influencias, para entregarse a su placer culposo y engullir a alguna incauta. Las preguntas se formaban tan raudas como los rápidos ríos se unían en primavera tras el deshielo, y encabezándolas todas yacía la principal cuestión. ¿Por qué arriesgarse tanto? La respuesta que surgió de la niebla fue simplemente la idea de que, en realidad, se está más seguro en el ojo mismo del huracán. ¿Valía alguien la pena hoy en día? ¿Valía la pena alguien así? Si, en ningún lugar de este mundo había algún ser viviente que a ojos de Gorthaur valiera el esfuerzo de matar, por lo que se pasaba la vida dejando que todo a su alrededor fluyera y el mundo cambiara a gusto del destino. Hacía amigos, los aprovechaba y aumentaba sus redes, siempre sacando el mejor partido de cada uno de sus camaradas, aún si era la peor escoria que jamás hubiera pisado el planeta o surcado los mares... Todos eran útiles, todos eran necesarios para algo.

Sus ojos se abrieron y miró alrededor con lentitud, y descubrió que los ruidos provenían de los pobres pescadores desdichados, quienes flotaban en las gélidas aguas apenas asidos a unos trozos de madera insuficientes para sus cuerpos y que se hundían con el menor movimiento. Algunos despertaban y temblaban más por ver al enmascarado que por el frío de las oscuras aguas, y otros, más valientes, se atrevían a dirigirle la palabra, rogando por una mano amiga que les sacara del apuro, al fin y al cabo, el enorme trozo de madera sobre el cual se hallaba sentado el corazón caminante era suficiente para al menos unos 6 tripulantes. Gorthaur miró su palma un momento y pareció que se perdiera en la visión de sus cicatrizadas y suturadas falanges, pero al cabo de un segundo sus ojos recorrieron cada uno de los rostros que pedían ayuda, y con una sonrisa invisible detrás de su extravagante máscara se levantó mientras se aproximaba al borde de su navío a medio hundir. -Seamos amigos entonces... -Musitó mientras ayudaba a subir a cualquiera que pareciera agradecido de esta oferta, y cuando todos estuvieron a salvo y agradecieron por haber sido rescatados, accedieron a ser camaradas del enmascarado, y por supuesto, otorgarle al extraño ser un mechón de sus cabellos, con los cuales el joven creó nuevos muñecos en su interior. Los pescadores, a diferencia de Gorthaur, sabían navegar, y no tardaron en llegar a aquella infame isla sin ley.

De un salto bajó de la ruinosa embarcación y se escurrió como un fantasma entre los callejones, siempre oculto, siempre a prisa, usando sus pequeños muñecos como distracción y espías para vigilar cada esquina y rincón y evitar de esta forma las miradas indiscretas e indeseadas. De esta forma terminó por colarse en la trampilla de la vieja taberna en la que su influencia era poderosa y sus propinas generosas eran bien aceptadas a cambio de una jugosa porción de privacidad y receloso misterio, y aunque el lugar estaba a menudo a merced de cazarecompensas, piratas y borrachos, era un nido perfecto de los rumores y la información, convirtiendo a "Two Headed Goat" en un verdadero paraíso para el misterioso enmascarado. -Vamos, se tan rápido como puedas, camarada. -Musitó mientras de la palma de su mano surgía un muñeco de paja del tamaño de un ratón, pero con largas piernas y brazos, que apenas cayó al suelo, recibió de parte del enmascarado una tarjeta con un símbolo bastante obvio para quien sería el receptor, y que echando a correr desapareció a prisa entre las sombras. Gorthaur subió las escaleras directo a la habitación que siempre usaba y que como siempre, se hallaba disponible.

Abajo, la figura de diminuto tamaño se movió a prisa y lejos de la vista de cualquiera, y dejando la tarjeta a los pies del tabernero tiró del ruedo de su holgado pantalón para llamar su atención, antes de desaparecer a prisa entre las sombras de un rincón y volver con su amo. Mr. Eusten, el dueño del local, reconoció la tarjeta de inmediato y palideció brevemente mientras comenzaba a preparar todo lo que siempre pedía su misterioso invitado, y es que si bien había tratado directamente con Gorthaur (Este pagaba a veces por los daños y desastres de otros) no dejaba de causarle cierto nerviosismo el que nunca le viera entrar ni acercarse para dejarle aquella tarjeta que recibía y devolvía en cada visita. Para cuando la bandeja con alimentos y cerveza estuviera lista y el barbudo tabernero se dispusiera a subir, un grupo de hombres entró al local con un escándalo entre risas y burlas, mofándose de alguno del grupo, eran bribones locales que, de nueva cuenta, buscaban problemas y que hacían debatir al viejo entre sacarlos del lugar o atender a su misterioso invitado.
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Re: De vuelta a casa. La tierra de la Libertad.

Mensaje por Invitado el Dom Ene 15, 2017 10:32 pm

Richy, era un buen hombre, tan buen hombre como se podía esperar de alguien en su posición y con su profesión, no solo como bartender y cocinero, sino también como posadero de aquellos escasos hombres que se atrevían vivir permanente en la Ciudad Libertad. Uno de ellos era Antony, y había muchos otros, algunos que conocía y otros tantos que no, y aquellas era una de las principales ventajas de vivir en “Two Headed Goat”: La discreción de Richy era casi legendaria, claro, si hubiera mas gente que hablara de ella. Al ver la reacción de su compañero al ver aquella extraña tarjeta, el moreno supo que había sido alguno de los muchachos que vivía ahí, aunque claro, era difícil determinar quien, en especial por el silencio que tenía el anciano en aquel aspecto.

Con elegancia, Edward se quito la fedorra de la cabeza y la coloco sobre la barra, cerca de él. Richy se encontraba ocupado armando una nueva tanda de comida y bebida sin razón aparenta – Nadie había ordenado nada – pero aun así tuvo tiempo para rellenar el vaso con una cerveza clara, bastante simple pero lo suficientemente buena como para curar la sed. El elegante muchacho agradeció y mientras el barbudo continuaba su preparación, inicio su ritual: Obtener información. Si bien Richy era discreto con aquellos bajo su techo, era un hombre muy informado, no que fuera algo sorpresivo considerando que tipo de gente visitaba su local pero si era algo que se tenía que tener en cuenta al visitar aquel bar.

- ¿Qué dicen las calles Richy? – La voz de Antony era bastante tranquila, casual incluso pero su astucia era bien conocido por el posadero para notar que no preguntaba aquello por mero aburrimiento

- ¿Estos últimos días? – Comento el aludido desde la cocina justo alado del bar – Desde que te fuiste todo a estado bastante tranquilo, oí sobre unos niñatos que querían hacer un asalto en el Banco de Lyneel, estaban buscando algún cerrajero y a un especialista en explosivos, a decir verdad no se veían tan inútiles, aunque según oi fueron interceptados antes de llegar al Banco.

- ¿Por la marina? - Un trago que bajo un tercio del contenido de la cerveza.

– Para nada. Fueron hombres de Capone según entendí. Pero no me creas mucho. Todo me lo conto un tuerto que vino hace un par de días, despues de un par de cervezas no se puede confiar en las palabras de un tuerno, créemelo, lo aprenderás con los años. En fin. – Salió de la cocina con una charola con un par de platillos y con un vaso que pronto se vio lleno de cerveza ambar. Así que había alguien mas allá arriba. Sin darle demasiado importancia, el moreno le dio una media sonrisa. Fue en aquel momento cuando un grupo demasiado ruidoso cruzo el portal del establecimiento con unos gritos y risas que hicieron que Richy casi tirar la charola. Con un suspiro, se vio contrariado, sin saber bien que hacer. Viendo aquella reacción de su compañero, el moreno simplemente le sonrio.

– Largate a entregar eso. Yo me encargo – Vaciando el nuevo vaso de cerveza, se giro hacia donde la puerta. De inmediato reconoció a los llegados: Eran Gustav “Ojo Verde” y su pandilla, unos tipejos que se hacían llamar Caza-recompensas pero en eran simplemente unos abusivos que robaban las presas a sus los verdaderos cazadores cuando éstos estaban heridos; se había encontrado un par de ocasiones con ellos, lo habían intentado reclutar para uno de sus “trabajos” pero Antony se había negado. La joya, una pieza verde, siendo aquella el origen del sobrenombre, que se encontraba en el ojo derecho se clavo ahí donde el muchacho se había puesto de pie y se alisaba el traje negro. Mientras aquello pasaba, el Posadero se había deslizado por las escaleras hacía la habitación de su  enigmático visitante.

– Miren quien es… El mismísimo Tony. ¿Qué tal la llevas? ¿Qué haces en esta pocilga?  - Era Gustav quien hablaba, su tono era chillón y rasposo a la vez; en aquel momento pateo una de las mesas hacia el grupo de borrachos quienes, confundidos, se dejaron caer al suelo donde minutos antes habían vomitado.

– Aquí vivo , capullo  y será mejor que estés listo para pagar es mesa que acabas de romper– La voz de Antony sonaba tranquila, tan relajada como cuando había hablado don Richy.

– ¡Dahahahahahahahahaha! ¿Vives en esta mierda de lugar? – El resto del grupo siguió imito a su líder y rieron en abundancia. - ¿Aquella mesa era tu cama? ¡Dahahahahahahahahaha! Carguenselo muchachos – Ordeno el hombre mientras que 2 de los 6 del grupo, sin contar a Ojo Verde, se adelantaban para hacerle frente al moreno. No esperaba menos de aquel grupo de estúpidos. El gatillo fue jalado en dos ocasiones siendo que el arma apenas se separo de la cadera; uno de los hombres vio su rodilla destrozada mientras que el otro vio su mejilla destrozada pero sin mayor daño; Antony ya se enocntraba recubierto detrás de la barra y solo logro escuchar los gritos de dolor de ambos hombres.
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Re: De vuelta a casa. La tierra de la Libertad.

Mensaje por Invitado el Jue Ene 19, 2017 5:05 pm


El silencio era rasgado con desconsiderada facilidad por la tonada musical de una extraña voz masculina y el conjunto de algunos instrumentos de cuerda y percusión desconocidos para la mayoría que no habitara las islas de los cielos o leyera lo suficiente al respecto, y es que en aquella habitación tan celosamente guardada para el enmascarado no solo había una ilustre manía de costumbre, sino que descansaban artículos tan raros como la caracola que ahora reproducía aquella rara tonada y que había conseguido a cambio de un favor de algún colega endeudado. El entorno completo cambiaba entre la oscuridad reinante y la canción invasora que envolvía el lugar, y mientras las páginas pasaban y los cansados ojos del residente aceleraban la lectura, la presencia de un invitando subiendo las escaleras fue suficiente para que el enmascarado levantara la vista en dirección a la puerta, aguardando a su buen tabernero, a quien ya había visto gracias a sus servidores de paja ocultos entre los pasillos y escalones previos a su alcoba. La figura regordeta del encargado se veía aún más fornida a los ojos muertos de aquellas figuras que producía su la akuma no mi del espía neutral, y esto en cierto modo le daba un poco de gracia, por lo que sonriendo por debajo de su máscara terminó por cerrar el libro que traía entre manos justo después de marcar la página donde iba, para no perderse luego de la comida. Justo cuando levantó la mirada, la puerta sonó con tres ligeros golpeteos.

Adelante. -Dijo sin más mientras depositaba el librillo sobre la pila de similares obras que ya había leído, que era, por mucho, inferior en tamaño a la cantidad de manuscritos que aún le faltaban por leer, y es que en realidad, aunque él tratara de acelerar las cosas, su consciencia sabía que tardaría poco más de tres días para leerlo todo, pero confiaba en sus contactos, y si bien el barco del viejo Grimes partía mañana, seguro que hallaba otro, al fin y al cabo, los amigos potenciales estaban en cada esquina y rincón de la isla sin ley. Su anfitrión entró, asomando primero la cabeza que era coronada por el temblor de sus cabellos y la mirada ansiosa, cargada de nervios a medias, como quien conoce a un león amaestrado pero teme a sus garras de todos modos, y tras recibir un ademán de las manos cosidas del enmascarado rojizo, terminó por meter la barriga e ingresar a la habitación, seguido de un pequeño muñeco que cerró la puerta de golpe y se ocultó, causando que el viejo se estremeciera y tembloroso depositara la bandeja sobre la mesita cercana a la puerta, a poco más de dos metros de donde estaba sentado el invitado estrella. -Hay ruido abajo, Mr. Eusten... ¿Sucede algo? -Musitó con calma mientras se levantaba de su asiento, causando que instintivamente el barbudo caballero retrocediera un paso, cosa que hizo reír levemente al enmascarado antes de suspirar resignado. -Vamos, ya deberíamos haber superado esto. Somos buenos amigos ¿No? ¿Te sentirías mejor si me quito la máscara? -Sus palabras eran ahora mas amistosas y en un tono más animado, cosa que calmó al regordete anfitrión, lo suficiente para que se avergonzara un poco y leve rubor cubriera sus mejillas, pero en cuanto la mano cicatrizada del espía tocó su hombre y la sugerencia de desenmascararse apareció, pareció que una preocupación invadía repentinamente al viejo. -Disculpe usted, señor. Pero nunca le veo ni le oigo entrar, y siempre se presenta con esas tarjetas que aparecen en mis bolsillos... Uno no puede evitar asustarse. Pero si, somos amigos y le agradezco sus pagos que son mucho más que generosos, aún cuando no le ofrezco mucho más que comida y un cuarto privado... En cuanto a su máscara, déjela. Si no conozco su identidad, no habrá riesgo alguno, ni bajo concepto de tortura. -Su forma de hablar pasó de preocupada a sutil, como un susurro por si alguien estaba escuchando, y con esta respuesta se ganó una amistosa palmada en la espalda y librarse momentáneamente de los azules y brillantes ojos del enmascarado, quien dirigía su atención a la charola.

El viejo abrió la boca para responder a la pregunta sobre el ruido pero un par de sonoros disparos rasgaron el silencio causando que el barbudo caballero girara el rostro a la puerta, preocupado en exceso para alguien acostumbrado a tan peligrosa isla. Gorthaur ni siquiera interrumpió su comida, que tomó rápido, de pie y en silencio sepulcral. Finalmente tocó el hombro de su interlocutor para llamar su atención y cuando la tuvo, interpuso su índice delante de la máscara, donde estarían sus labios, indicándole que no hiciera ruido. -Echaré un vistazo y veré que puedo hacer... Quizá sean amigos míos y pueda evitar mucho daño a tu local. -Guiñó un ojo y se encaminó a la puerta, pero justo antes de cruzar el umbral, fue retenido por la pesada mano del tendero que le sujetaba del brazo con poca fuerza, haciendo que el corazón andante se girara para encararlo. El viejo le miró con preocupación y le soltó. -Cuide de mi amigo Tony. Es un buen muchacho, pero de gatillo fácil. -Y tras decir esto, observó al hombre de traje oscuro perderse en la oscuridad de las escaleras.

Gorthaur bajó las escaleras con tranquilidad mientras que sus manos se refugiaban en sus bolsillos y los vigías diminutos se unían a él mientras descendía, contaba con 15 figuras, salvaguardas de su vida en nombre de la amistad hecha con 15 viajeros y viajeras diferentes, pero esperaba no tener que sacrificar a ninguno si podía hablar tranquilamente. Al aparecer en el salón, las miradas se dirigieron a él inevitablemente y un viejo conocido le reconoció con un chillido. -¡GORTHAUR! -Dijo el buen muchacho de ojo reluciente mientras una mueca de pavor se plasmaba en su rostro. El enmascarado sacó una mano del bolsillo y la agitó en el aire levemente. -Hola perinola~ -Dijo sin más.
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Re: De vuelta a casa. La tierra de la Libertad.

Mensaje por Invitado el Jue Ene 19, 2017 6:55 pm

– ¡Maldito! – Chillo “Ojo Verde” al ver el daño causado a sus hombres, él mismo desenfundo su arma, un revolver de tono bronce, y busco al moreno, pero lo único que logro ver fue como la copa de su sobrero desaparecía detrás de la barra. El resto del grupo se adelanto hacia donde sus compañeros, uno de ellos se encontraba en el suelo, tomándose la rodilla mientras su rostro se encontraba contraído en una mueca de terrible agonía; el otro, mucho menos herido, simplemente se tomo la mejilla sangrante y gruño como lo hace un perro al pelear con un congénere. Todos se volvieron se prepararon para luchar: Dos de ellos, los que no estaban, desenfundaron unos largos y mellados sables, mientras que los otros dos tomaban sus desgastadas mazas y las agitaban encima de su cabeza de manera amenazante. “Ojo Verde” sonrio; su gema centelleo. - ¿Qué planeas hacer Tony? ¿Esconderte ahí hasta que venga Richy a salvarte el culo? – La confianza de aquel hombre era enfermiza, por lo menos para Antony

– Dos de tus hombres cayeron. Todavía estas a tiempo de irte Gustav. – La voz calmada del artillero solo encontró una sonora sonrisa de parte del tuerto. – Bueno, tu lo quisiste – Con un rápido movimiento, Edward se escabullo un poco a la derecha donde una reluciente charola de metal estaba a su alcance. Tomando su fedorra, el moreno la arrojo por encima de la barra; las miradas de los bandidos siguieron al sombrero dejando espacio suficiente para que el moreno se elevara y, como si se tratara de un juguete para un perro, lanzara la charola directamente hacia el hombre con la mejilla herida. El impacto seria lo suficientemente fuerte para hacer que el hombre cayera de espaldas. – Ultima oportunidad de largarte.

La pandilla simplemente pudo gruñir al ver a su compañero caer junto con un par de sus dientes. Ese muchacho en verdad era molesto. Sin pensarlo, inspirados por aquel tercer golpe, los hombre se lanzaron sin pensarlo dos veces. Pero algo los detuvo, mejor digo, alguien: El extraño personaje que descendió por las escaleras hizo que aquel pequeño grupo se quedara paralizado; la apariencia carmesí de aquel extraño ser de inmediato llamo la atención de Antony: Su rostro se encontraba cubierto por lo que parecía ser una mascara de un extraño aspecto, muy similar aun corazón humano, aunque claro, de un tamaño imposiblemente grande. ¿Quién era ese fenómeno? La rasposa voz de “Ojo Verde” fue quien respondió aquella pregunta: Gorthaur. Al parecer aquel par se conocían y por el tono de sus palabras, no de una manera amistosa. Aquel extraño enmascarado, pensó Antony, seguramente se hospedaba ahí, posiblemente era aquel a quien Richy había ido a darle de comer; eso o era otro invasor.

– Ey – Llamo el moreno, intentando llamar la atención del recién llegado - ¿Estas con Richy o con estos pendejos? – El revolver fue apuntado hacia el enmascarado, aun cubierto detrás de la barra.

No se podía confiar en nadie esos días.
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Re: De vuelta a casa. La tierra de la Libertad.

Mensaje por Invitado el Mar Ene 24, 2017 1:08 am

El mundo era un lugar pequeño si te dedicabas a visitar exactamente los mismos lugares una y otra vez, por lo que lograbas labrarte un poco de fama y reconocer algunos rostros aunque los hubieras visto antes una sola y única vez, era la magia de los rumores, y en una isla como esa, los rumores, al igual que la pólvora funcionaban mucho mejor que las palabras para resolver un conflicto. Sin embargo para el enmascarado que acababa de aparecer en escena, aquellos viejos métodos del filo, la pólvora y la fama le parecían de lo más desagradables y obsoletos, y apostaba por un método más novedoso e interesante y al que nadie pudiera negarse o resistirse si se tenía una pizca de inteligencia. Había que estar de acuerdo en que la fama, buena o mala, llegaba en su debido momento, pero de preferencia habitaba las sombras y vivía en los corazones de sus amigos, como cálido recuerdo o como gélida amenaza viviente.

Había conocido al del ojo verde hace un tiempo, dos o tres viajes atrás, en una disputa callejera donde casi cuelgan al gusano y que, a través de ruegos y lamentos, logró atraer la atención del enmascarado, que se ocultaba entre las sombras de una callejuela para no entrometerse en el asunto. Lo cierto es que Gustav tenía graves deudas, pero su principal acreedor y el que había organizado todo aquél asunto de apalearlo y colgarlo, reconoció inmediatamente a quien no mencionaba jamás pero era su "Más tenebroso amigo" y a quien, por azares del destino, debía un viejo favor realizado. -Perdona su deuda y perdonaré la tuya mi amigo. -Dijo el misterioso viajero aquella noche, no solo salvando la vida del ojo verde, sino reemplazando a un amigo con otro, pues sin la deuda, aquél prestamista rodeado de matones simplemente no quería seguir tratando con tan tétrica figura. Pero para el pobre Gustav, quien vio su vida al borde de la extinción, no quedó otra que aceptar la amistad de este enigmático ser, tan tenebroso y espeluznante como raro, y de alguna manera, amenazante sin siquiera proferir un insulto o alzar la voz. Un par de conversaciones le bastaron al del ojo esmeralda para descubrir el talento para la oratoria que tenía su camarada, así mismo como los contactos, información y aliados que tenía, una vasta red cargada de leyendas, mitos y el innegable poder de volver realidad lo que muchos consideran imposible. Entró desde ese día al selecto grupo que ha visto a Gorthaur, pero que no tiene ni idea de qué o quien se esconde bajo esa máscara.

Sabiendo aquella historia, no supondría mucha sorpresa la reacción del maleante al ver a su benefactor de ultratumba escurrirse de entre las sombras de aquella oscura escalera para aparecer en medio de un conflicto de tal índole, pues pareciera que Gorthaur estaba siempre cerca y siempre vigilante, y aunque no le viera por meses, el enmascarado siempre se enteraba de en qué andaba Gustav. Gorthaur, por otro lado, habría acudido a saludar a su amigo de no ser por el hecho de que ahora estaba siendo apuntado por un chiquillo de extraña apariencia, que trataba de llamar su atención y que, una vez logrado, le hacía una pregunta de lo más rara. ¿Por qué iba a estar él de un bando? ¿Acaso no todos podían ser amigos? Como fuera, había aceptado la petición del tabernero de proteger a Tony y debía hacerlo de una forma acorde a sus necesidades, primero que nada, pues, si era astuto (y lo era) ganaría que muchos le debieran un favor. Sonrió bajo su máscara y levantó ambas manos encogiéndose de hombros. -Yo estoy de mi lado, y soy tan amigo del señor Eusten como de Gustav. -Exclamó antes de encaminarse a donde estaba el trémulo ojiverde, que ya se mostraba nervioso por la presencia del enmascarado. -Gorthaur, amigo... Yo...  -Gustav no pudo decir más que eso antes que la suturada mano del enmascarado se posara sobre su hombro amablemente, y una mirada a los oscuros e interminables agujeros negros de la máscara ajena le hizo acallar de inmediato. Gorthaur se acercó y le habló en un susurro. -Gustav, tengo amigos arriba que no tolerarían más bullicio ni aunque se los pidiera... Pagaré el desastre que hiciste aquí, y si quieres ayudar a tus secuaces, ve con el Dr. Malls y dile que vas de mi parte, no te cobrará un centavo... Pero vete, antes que te llenen de plomo la panza. -El semblante del maleante palideció por un instante, pero tras oírle con cuidado no solo recuperó su color, sino que incluso pareció que una sonrisa se marcaba nerviosa en su boca. El muchacho apretó con fuerza y verdadera devoción la mano del enmascarado y con profunda honestidad y alivio agradeció, pues no dudaba por un instante aquella historia, sabiendo la clase de gente que buscaban los favores del misterioso sujeto. Sin embargo, antes que pudiera irse con sus amigos heridos a cuestas, Gorthaur le dispuso nuevamente la mano sobre el hombro, esta vez con un poco más de fuerza, y lo que dijo, hizo palidecer de nuevo al muchacho, pero no le borró la lastimosa sonrisa de gratitud. -Recuerda mi querido amigo, me debes dos... -Y dicho esto, Gorthaur observó alejarse al grupo invasor.

Una vez se hubieron largado y todo permaneció en silencio, el enmascarado echó a andar en dirección a las escaleras sombrías de donde había venido, pero deteniéndose antes de cruzar el umbral, recordó al muchacho que estaba tras la barra, y giró su cabeza para mirarle. -Tu debes ser Tony. Mr. Eusten me pidió que te ayudara a salir ileso y que evitara muchos daños al bar, he cumplido ambas, y tu me debes una. ¿Seamos amigos quieres? Sube, podemos conocernos mejor arriba, sin tanta luz u ojos curiosos. -Y sin esperar respuesta alguna, se fundió entre las sombras, subiendo las escaleras y entrando a su alcoba, dejando la puerta abierta para que el famoso Tony pudiera encontrarle. Allí estaba el barbudo tendero, que al verle no pudo ocultar su nerviosismo. Pero el dueño de aquel bar nada pudo decir, pues Gorthaur le estrechó la mano y le tranquilizó mientras tomaba asiento. -Era Gustav, un viejo amigo que me debía un par de favores... Sin embargo causó algunos destrozos y pagaré el daño causado. Nuevamente me debe un favor, amigo. Pero como es usual, cuento con que me apartará esta alcoba otros tres meses ¿Correcto? -Su elocuente forma de hablar era casi hipnotizante, y el regordete hombre, preso de alegría y alivio sintió con esmero, estrechando la mano del enmascarado mientras sonreía. -Para usted, mi amigo, que sean cuatro. -Dijo con una gran sonrisa, y girando su rostro, observaba la puerta que se abría para recibir a otro invitado.
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Re: De vuelta a casa. La tierra de la Libertad.

Mensaje por Invitado el Mar Ene 24, 2017 9:05 pm

La tranquilidad con la que aquel enmascarado avanzo hacia aquel grupo de bandidos, fue algo bastante sorprendente, su confianza era de respetar pero sobretodo, lo que sorprendió a Antony fue el hecho de que “Ojo Verde” reaccionaria de aquella manera: El moreno levanto un poco la cabeza, justo por encima de la barra, mientras miraba aquella escena: El bandido definitivamente conocía al ‘Corazón’, y no solo eso, sino que le temía y lo respetaba. ¿Quién era aquel hombre? ¿Un mafioso? No sería extraño en aquel lugar y considerando la reacción, tampoco lo seria. Con su revolver listo para dispara a la primera instancia de problemas pero no hubo ninguno incidente: Unicamente la conciliadora voz de aquel desconocido que guiaba a aquel grupo de rufianes sin necesidad de elevar su tono, la calma de alguien que sabe que esta en control. Antony no pudo evitar sentirse sorprendido... aunque también nervioso.

El artillero siguió la acción en silencio, la despedida de los hombres de “Ojo Verde” seguida del camino del llamado Gorthaur hacia las escaleras. El hecho de que conociera el apellido de Richy sería suficiente, para algunos, para darle el beneficio de la duda al enmascarado, pero el hecho de que “Ojo Verde” lo llamara ‘Amigo’ hacía dudar a Antony.

- ¿Te debo una? No pedí que me salvaras? – Pero las palabras no llegaron a los oídos de Gothaur. Ademas…¿Amigos? ¿Quien coño era ese fenómeno y que quería? Sin muchas opciones, el moreno se volvió hacia donde el grupo de borrachos intentaba reponerse de todo aquel caos. Confundido, el Antony se dirigió hacia donde su sombrero había salido volado – Si alguno de ustedes destruye algo - Utilizando su arma como un dedo, el moreno señalo a los ebrios -, no serán tan afortunados como el perro de Ojo Verde. ¿Entendieron? – Los hombres, temerosos, asintieron. Sin mas, y tras ponerse su chistera, el moreno subió las escaleras. A través de la puerta, escucho las palabras del enmascarado y sus ‘terminos’ ante aquella acción de ‘rescate’. Con furia y con el ceño fruncido, Antony entro en la habitación con salvajismo, empujando la puerta con ira y con el revolver por delante – Así que eres amigo del ese mierda de Gustav. – El arma fue amartillada y el gatillo fue casi disparado pero fue Richy quien intervido: Lanzandose sobre el brazo del moreno, quito cualquier posibilidad de lastimar al enmascarado.
– Tranquilo, Tony. Es un…bueno, un amigo mio
- ¿Tu amigo? Este cabrón trabaja con Ojo Verde
– No niño... Es mi huésped. Me ha ayudado con algunos problemas. Tranquilo. – Mirando directamente a los ojos a Richy, Antony entendió que el hombre era sincero, que estaba nervioso, pero que en verdad aquel enmascarado era un huésped. Liberandose del agarre del barbudo, Antony se tranquilizo un poco, lo suficiente como para volverse hacia donde Gothaur.
- ¿Quién eres? ¿Y de donde conoces a Gustav? ¿Y que es esa mierda de que seamos amigos? – Dijo Antony sin ocultar el revolver sin intención de ocultarlo. Una cosa era que Richy confiara en aquel tipo, pero una cosa muy distinta era que él confiara. No sería tan fácil convencer al Moreno.
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Re: De vuelta a casa. La tierra de la Libertad.

Mensaje por Invitado el Miér Ene 25, 2017 12:48 am

La caminata de regreso a la alcoba no tuvo tardanza ni inconvenientes dignos de mencionarse por lo que no tardó absolutamente nada el enmascarado en ingresar de nuevo a su alcoba y, mientras hablaba, ser interrumpido por la agresividad del estrafalario muchacho, uno que a simple vista revelaba no solo una mezcla de engaño y efusiva impulsividad, sino que incluso destilaba ese aroma a novato que el de rostro cubierto por sangrante látex había olfateado ya tantas veces en sus años de viajes. El muchacho ingresó a la habitación como una tempestad iracunda, y preparó su revolver con tal velocidad y premura que le pareció al de rostro oculto que aquél joven, de elegante vestir, podría desenfundar y disparar incluso más rápido de lo que podía siquiera pensar, cosa bastante común y no tan agradable según el criterio del espía corazón. Gorthaur ni siquiera se movió un milímetro, y su tranquilidad se basaba, mucho más que en confianza de sus propias habilidades, en la capacidad que tenía su akuma no mi (y por ende sus amigos, según creía) en defenderle de cualquier daño físico resultante de un arma tan burda y primigenia como lo era un arma de fuego. Richy, en cambio, ajeno a la realidad que se manejaba dentro del organismo de su misterioso y habitual cliente, se arrojó contra el chiquillo para apaciguar las furibundas aguas de su apresurado enojo, al fin y al cabo, atacar a alguien solo por tener malos amigos era un risible caso de estupidez. Una que se nos permitía a todos alguna vez en la vida y que, en el caso de Gorthaur, le había costado una centena de cicatrices y costuras en sus brazos.

El hermoso caballero de tez pálida y ojos como el cielo de verano en una celeste mañana se había movido hasta su asiento, y depositando su cuerpo con pesadez, cruzó las piernas y deleitó sus gemelos en la escena que podía divisar a través de ellos, pues, aunque no lo pareciera, estaba disfrutando de conocer, de primera mano, el carácter explosivo de tornado de frenética tontería, al fin y al cabo la gente suele ocultar sus peores defectos, y verlos desde un inicio era un placer poco otorgado. Sin embargo las preguntas del enfurecido Tony dejaron en el lector empedernido una impresión curiosa y es que, desde hace un buen tiempo nadie cuestionaba su metodología y forma de actuar, pues todos preferían recibir favores y estar de su parte que oponersele, por lo que encontró un graciosa fuerza y soberbia voluntad en su nuevo amigo. Se encogió de hombros y giró un poco su cabeza como confundido, y luego, con un suspiro, aclaró su garganta para hablar a pesar de los estrepitosos gritos y bufidos del escandaloso recién llegado.

¿Quien soy? Soy Gorthaur, un comerciante de información e historia. ¿De donde conozco a Gustav? Hace un tiempo se metió en problemas con otro de mis amigos e iban a colgarlo, así que pedí un par de favores y le salvé la vida, como a ti allá abajo. y somos amigos desde entonces... ¿No lo entiendes? Para alguien como yo, cuya fuerza es los conocimientos y los contactos, es vital hacer buenos amigos para descubrir los secretos del mundo... Y antes que pedir, prefiero dar. Y a ti, te he dado la oportunidad de salir bien librado de una situación muy peligrosa, con el simple interés de que seamos amigos. -Su tono era siempre educado y calmo, como si la pistola fuera invisible y estuviera tratando con un infante malcriado, además, sus palabras sonaban demasiado honestas, como si fuera realmente incapaz de mentir y cada oración fuera sensata, universal y cargada de innegable lógica. Gorthaur era un maestro de la oratoria, del engaño y la manipulación, pues salía de los aprietos con su voz y no con violencia, y en ese caso, usaba tanto la manipulación como la honestidad, pues todo cuanto había dicho era completamente verdad. -Pregúntale a Mr. Eusten si alguna vez he sido un mal camarada... Llevo años viniendo aquí de vez en vez. -Su última frase fue dirigida a ambos, y el barbudo tendero dirigió su vista al muchacho de la chistorra, sin que Gorthaur ni Antony supieran qué palabras saldrían de su boca en defensa del enmascarado con corazón de oro.
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Re: De vuelta a casa. La tierra de la Libertad.

Mensaje por Invitado el Jue Ene 26, 2017 12:26 am

- Que puto nombre tan mas feo tienes – Comento entre dientes Antony mientras escuchaba la explicación del enmascarado.

A decir verdad, al final de sus palabras, después de pedir la intervención de Richy, algo quedo claro para el Moreno: Aquel hombre estaba loco, no había mejor manera de explicarlo. Si bien el mensaje había sido poco claro, principalmente por las expresiones elegidas, al artillero le fue fácil seguir el tren de pensamiento de aquel desconocido: Lo que mas le importaba era la información, y, según él, Antony le debía un favor y de ahí la razón de su “amistad”. Con el ceño fruncido, volviéndose hacia donde Richy lo miraba nervioso, lo único que recibió fue un asentimiento, la afirmación del viejo que le daba su voto de confianza al hombre corazón. ¿Aquello era suficiente para Antony? En parte, lo suficiente como para hacer que el arma fuera guardada.

– Puede que Richy confíe en ti, pero eso no quiere decir que yo lo haga. – Cruzando los brazos sobre su pecho, el moreno comenzó su respuesta -. En primer lugar, yo no te pedí que me salvaras, no necesitaba ser salvado. Los perros de Ojo Verde no me iban a tocar siquiera. No tenías que intervenir. – La imagen del anciano en aquellos lejanos años llego a la mente del moreno, parecía como si la situación se repitiera, aunque claro, de una manera muy distinta: Cuando el anciano lo salvo, Antony había decidido morir, se había rendido, y fue el desconocido quien le quito ese derecho; ahora, al contrario, el artillero continuaba luchando cuando, sin desearlo, el enmascarado había intervenido. Acciones no deseadas, la respuesta fue la misma, la ira de Antony; en aquel momento, durante solo un segundo, se pregunto si sería posible si el resultado fuera similar. Con un suspiro, el muchacho relajó un poco los hombros. Una mueca de disgusto apareció en su rostro. - ¿Y por que coño quieres ser mi amigo? Entiendo que seas colega de Richy pero ¿Qué ganas conmigo? No digo que me interese pero no me gusta que alguien considere que le debo algo, así sea un loco enmascarado o estúpido como Gustav. Entiendo que Richy confié en ti pero yo no; no te conozco de nada, mierda, ni siquiera se como te ves, lo único que sé es tu Impronunciable Nombre y que vienes aquí de vez en cuando, para mi eso no significa nada. – Era cierto, había confiado en el anciano sin saber su nombre pero el hombre le había dado algo que aquel hombre no: Comprensión y unidad, el anciando se había mostrado comprensivo, confiado; en cierta forma, se convirtió en unas cuantas línea en una imagen paterna que tanto le había faltado a Antony. ¿Pero aquel hombre? No le había dado nada, ni siquiera un apice de confianza. La amistad, por lo menos para el artillero, no era algo tan simple, necesitaba una conexión, aunque fuera algo pequeño, un punto de referencia. Así de simple
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Re: De vuelta a casa. La tierra de la Libertad.

Mensaje por Invitado el Jue Ene 26, 2017 7:24 pm

El insulto a su nombre realmente no pareció que mortificaba en lo absoluto al enmascarado, quien no hizo ni el más mínimo movimiento ni emitió palabra o sonido alguno, siendo, a ojos de cualquier espía que pasara por allí en ese momento, una horrenda figura de cera, y nada mas. Esas artimañas pueriles le pasaban sin pena ni gloria y carecían de validez real para tomarse la molestia de hacerle algún caso por lo que manteniéndose tan relajado y silencioso como era habitual esperó a que el buen chico de sombrero formal terminara su palabrería y se calmara un poco, cuando menos, ya parecía que estaba menos dispuesto a disparar y eso causaba una tranquilidad de mejor sabor en el informante, ya que se evitaba la posibilidad de siquiera tener que arriesgar valiosas figuras y sacrificar alguno de sus amigos para redirigirle el daño. Sin embargo su siguiente frase hizo imposible que Gorthaur se mantuviera callado, pues revelaba una suerte de ignorancia que él, tan sabio como era, se sentía en obligación de atender y mejorar, como un doctor que atiende por simple vocación una herida abierta de quien se ha acostumbrado ya a vivir con semejante hendidura.

No he conocido a nadie que, sin haber sido herido, pida que le salven... Pero créeme, tanto como hubieras ganado, habría existido una venganza, vendrían por ti, y si no te hallaran, arremeterían contra el buen Mr. Eusten. Yo he solucionado el problema y cauterizado esa herida abierta que crea venganza, pues para el enemigo, tu has sido salvado, y para ti, quienes se salvaron fueron ellos... Yo veo el panorama completo, y he salvado a todos, porque todos son mis amigos. -Hablaba con calma pero con la claridad, fuerza y temple suficiente para que se notara lo convincente y fuerte que era su argumento, como si no tuviera errores, y, en caso de hallarse, avergonzaran en vez de engrandecer, pues solo una bestia agresiva y con sed de sangre se opondría a tan perfecta salida pacífica de una situación tan peligrosa y delicada. Sin embargo el brazo de aquél joven era cual rama de viejo roble, y prefería partirse que doblarse, por lo que los argumentos le entraban con mayor lentitud a la que la furia y dudas escalaban el peldaño final hacia su ardiente cabeza de rizadas patillas, era un hecho gracioso que en tan frustrante situación, Gorthaur sonreía bajo la máscara, pues aquel muchacho le recordó sus inicios en el mundo de la información y los contactos, y lo difícil que le había sido aprender a hablar según las necesidades de cada persona.

Preguntas, analogías, respuestas y frases que volaban y cruzaban atmósferas y galaxias mentales, fugándose entre murmullos claros y otros inteligibles que llegaban a medias a oídos del enmascarado, pero que fueron más que suficientes para darle una idea clara de como debía proceder para finalizar el trato que tan difícil se estaba poniendo, y conforme el muchacho hablaba mejor era el entendimiento que obtenía Gorthaur de su nuevo amigo, y por fin, una luz clara apreció ante sus vivaces ojos ocultos en las negras cuencas de su oscura máscara. -Mostrarte mi rostro no me costaría nada, pero a ti podría llevarte a un camino de muchos pesares... Entiendo a la perfección tus dudas, eres astuto y eso lo valoro, pero cuando un viejo amigo me pide que salve a alguien, lo hace por amor. Y por ese amor te salvé, pero tu, tan feroz y tan valiente, no puedes verlo aún. -Detuvo su charla un momento y clavó su mirada en el gordo tendero quien asintió al saber de qué hablaba, pues de no ser por él, Gorthaur habría preferido ayudar a Ojo Verde y cobrarse un nuevo favor con ello. Suspiró, como resignado, y disponiendo una mano bajo su mentón, levantó la máscara revelando su rostro, al menos la parte inferior, desde el mentón hasta la punta de su nariz. -Es lo máximo que puedo hacer para ganarme tu confianza sin poner en peligro sus vidas... De tener intenciones secundarias, me habría beneficiado más trabajar con Gustav. ¿No? -Nuevamente aquella voz conciliadora y melodiosa, su tono de terciopelo que agradaba con increíble facilidad y causaba simpatía. Gorthaur sonrió mientras esperaba una respuesta de su interlocutor indeciso.

Nota:
Hago uso de Influencia y Engañar [D] para ser muy convincente y sensual.
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