Año 230 D.D.G
Tras un periodo de paz el nombre de un sujeto comenzó a surgir entre los piratas hasta hacerse de un renombre mundial… Norman D. Gold, un pirata que en un par de años alcanzó el poder suficiente para consagrarse como un emperador pirata y eventualmente para ser nombrado como rey de los piratas al haber reunido un tesoro inconcebible al cual se le otorgó el nombre de “One Piece”. Durante años el Gobierno hizo uso de todos sus recursos para acabar con este hombre per todo fue inútil y decidieron simplemente dedicarse a contener sus ataques. Gold sin embargo, no parece interesado en destruir al Gobierno o en atacar a sus instituciones, sino más bien en continuar explorando el mundo no conocido estableciendo con su poder una estabilidad no vista antaño en el mundo de la mano de todas las demás facciones. ¿Serás parte del mundo y su avance?. Seguir leyendo...
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#II ; Freaking Out.

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#II ; Freaking Out.

Mensaje por Invitado el Vie Ene 27, 2017 1:41 am

"I can't fight this feeling, it's not in my head... And I know it was something I did, baby.
I can't fight this feeling. I'm out of control. Got to get back to the life that I know!"


[···]

#Capítulo II ; Freaking Out
Baterilla, South Blue || 9:17am

Era la primera vez que llegaba a Baterilla. Muchas historias le había contado su padre sobre ese lugar, la maravillosa idea de que fuese una isla libre de todo reglamento, y que sin embargo no estuviera hecha un caos le parecía de lo más excepcional que antes pudiera haber oído. Solo en sus más profundas fantasías, en sus sueños más preciados habría imaginado que un lugar así pudiera existir, pero sí... lo había, y había logrado llegar hasta allí esa mañana. Eran aproximadamente las nueve, el sol ya llevaba horas en pie alumbrando al mundo. La gente que veía a Adam llegar y anclar en el puerto al menos no parecía demasiado reacia a su presencia. Conocían de su recompensa pero les daba igual, aquel apellido les sonaba de algún sitio y no sabían exactamente de dónde. Y claro que les resultaba conocido, era hijo del famoso pirata Damon X. McCoy, nombre inconfundible entre las multitudes, con mucho más énfasis en lugares sin ley como lo era Baterilla.
Vaya... es más hermoso de lo que mi padre decía. — murmuraba hablando consigo mismo mientras ataba el barco a uno de los soportes del puerto para que dicho vehículo marítimo no se fuera con la marea o las olas, ni tampoco chocase a las otras embarcaciones que estaban ahí.

Había llegado a Baterilla no solo con la idea de reabastecer la pequeña bodega del barco a dos velas, sino también para recorrer un poco el lugar. No pasó mucho tiempo antes de que un hombre de avanzada edad se le aproximara, calvo y con una barba que le llegaba hasta los pezones, vestido como un marinero... con ese atuendo blanco y pañuelo azul atado en el antebrazo izquierdo.
¿Te puedo ayudar en algo, abuelo? — cuestionó Adam.
El contrario, irguiéndose y sacando un poco de pecho como con cierto orgullo, puso una cara seria y comenzó a hablar. — Bienvenido a Baterilla, joven marinero de aguas dulces... ¿He de suponer que eres nuevo por aquí, cierto? — preguntó el mayor, apoyando el pie encima del soporte en el que Adam estaba atando su barco. Aclaró su garganta y miró al albino con cierta curiosidad, esperando una respuesta obvia por parte del muchacho que le superaba en altura por casi un cuerpo entero. Adam pasó a enderezar el cuerpo y se cruzó de brazos cuando terminó de atar dicha embarcación personal, dispuesto a responder.
¿Así es, acaso tengo cara de nuevo?
¡Para nada, para nada! Pero bueno... digamos que un rostro como el tuyo no se ve todos los días, muchacho. — halagaba el anciano, antes de aproximarse y tantear los antebrazos y palmear el abdomen del chico, para extrañeza de este. Se le quedó mirando curioso, enarcando una ceja y esperando a ver qué es lo que tenía para decir.

Un muchacho como tú, podría fácilmente superar todos los obstáculos que se le pongan delante.
Vamos, suelta la bilis hombre... ¿Qué es lo que me vienes a ofrecer?
¡Oh, no! No te vengo a ofrecer nada, al menos... nada que no sea de tu interés —hizo una pausa fugaz, sonriendo ampliamente—. ¿Qué tal, si compites para mi en un evento que se llevará a cabo aquí mismo en Baterilla? En la plaza central para ser específicos. — agregó el anciano, peinándose la barba con la mano diestra. Adam por unos momentos se rascó el mentón casi que imitando el gesto que hacía el contrario, antes de ladear la cabeza y cruzarse de brazos. Hizo una mueca de estar pensando, emitiendo un suave "Hmm~" antes de cuestionarle algo al contrario.
¿Y de qué trata esta competencia?
¡Oh! Es muy fácil, debes cuantos pasteles puedas. Si ganas, se te dará una suculenta recompensa... o bueno, parte de esta.
He de suponer que, obviamente... te llevarás gran parte de esta tú por "competir por ti", ¿cierto? — preguntó el albino, frunciendo un poco el ceño. El anciano se quedó algo intimidado por esto. No era nada comparado con aquel poderío del que era capaz el albino de demostrar, pero al menos era lo suficientemente perspicaz como para evitar problemas.

Bueno... estaba pensando en un cuarenta, sesenta... yo me quedaba con el cuarenta porciento. — decía frotándose las manos, dejando entrever esa enorme avaricia que le corroía por dentro.
Treinta, setenta. — dijo tajante.
¿¡Eh!? ... Pero eso no me dará para nada. — decía él, encogiéndose de hombros, sacando cuentas para ver cuántas jarras de cerveza y comida podría comprar si es que decidía tomar ese trato, pero la verdad es que los números no le cerraban muy bien.
Pues nada, tendrás que competir tú. — culminó Adam, antes de acomodarse el bolso al hombro derecho y comenzar a caminar hacia el centro de la ciudad de Baterilla. El anciano iba a decir algo, pero se quedó titubeando por unos segundos antes de exclamar. — ¡E-espera! — dijo, corriendo para ponerse enfrente del albino. Este se detuvo y enarcando la ceja izquierda sonrió ladino, esperando a ver qué tenía para decirle el viejo. — Está bien... treinta, setenta... ¿Tenemos un trato?
Tenemos un trato, viejo. — contestó. Ofreció su mano para cerrar el trato, en lo que el anciano asintió sonriendo de medio labio con la misma confianza aunque aún algo dolido por tener que dejar tanto solo por un poco de dinero. Ambos estrecharon su mano y Adam se tomó las molestias de presentarse. — Me llamo Adam, por cierto.
Y yo Lennard, pero todos me llaman Lenny. — contestó. Acto seguido ambos comenzaron a caminar hacia la plaza central de Baterilla, allí a fin de cuentas se estaban llevando a cabo las inscripciones para dicho evento. Y no era uno de bajeza, no ... todo el mundo asistiría, o al menos todos los que pudieran. Lo hacían una vez al año, de allí la cuantiosa recompensa que ofrecían.
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Re: #II ; Freaking Out.

Mensaje por Invitado el Vie Ene 27, 2017 7:20 pm

Casi como estar en casa. – Expresó tras lagar un suspiro dejando caer un costal a su lado donde tenía solo las cosas más primordiales. Estirando sus brazos en torno al cielo relajaba cada músculo después de viajar una larga travesía, y aunque sus recursos parecían limitados tenía la firme intención de tomarse un plácido descanso.

Tratando de localizar el camino que la llevara directo a la ciudad, durante la trayectoria por el puerto sus pasos se frenaron abruptamente al ver en la lejanía una inusual pareja, decidió aproximarse lo suficiente atraída por la conversación que mantenían sobre un acuerdo en común. Esperando no ser notada alcanzaría a fijar su atención en la oferta que el más grande y al parecer con más experiencia decía con total entusiasmo, la idea de comer los pastelillos le abría el apetito, ¿cuánto tiempo había pasado desde que se privó de comer un delicioso postre?, demasiado para su gusto. Alegre por la idea se entrometía apareciendo justo detrás del hombre saltando a un costado revelando su presencia ante el par. – Eso suena divertido, sería una lástima que alguien mencionara su plan y revelara semejante fraude. – Sus orbes brillaron casi felinos, sus labios en un mohín gracioso y audaz revelaba la treta en la que tenía intención de manipular a los dos. – A menos… – Marchando alegre se paseaba detrás del atractivo peliblanco, era muy alto por lo que subiendo a un pequeño cajón rebasaría lo suficiente su altura dejándole una obvia ventaja. De inmediato, la espadachina colocó sus manos sobre los firmes hombros del joven recargando su mentón a un costado murmurando casi en secreto para los presentes. – A menos que me incluyan, descuiden no necesitan pagarme ya estaré lo suficientemente satisfecha con llevar algo dulce a la boca. – En un toque sutil se atrevió no solo a invadir el espacio personal del albino, sino que su dedo índice palpó en un acto sugerente los labios del mismo insinuándosele.

El primero en protestar sería obviamente el grandulón. – Bueno ratoncita, ¿cómo se supone que hablarás si te faltará la lengua para ello? – La mujer sonreía peinando entre sus dedos el sedoso cabello del chico. – Vamos, esconde los colmillos anciano, no quieres meterte conmigo. – Abandonando su cómodo sitio saltaba del cajón para retomar el camino al evento principal, con el dedo índice indicó que les siguiera más el viejo marinero se resistía a caer en la extorsión de la fémina desconocida. – Me temo que tú no llegarás siquiera al evento. – Justika tenía un fuerte sentido de la intuición, y entre ellas las amenazas. Cabizbaja detuvo sus pasos para voltear, si las miradas matasen…

¿Quieres ver quién no llegará al final? – Su voz era serena, llena de calma y absoluta serenidad, largando un suspiro se dirigió al único hasta ahora que no había emitido palabra alguna. – ¿Tú piensas de la misma manera?
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